Puppy Linux Tahrpup 6.0 como distribución principal

Puppy Linux es una de las distribuciones ligeras más laureadas, capaz de devolver a la productividad equipos con más de una década encima. La imagen ISO apenas pesa 200 megas, y está preparada principalmente para ser utilizada desde un pendrive permitiendo guardar los cambios que se hagan en el sistema. A pesar de esto, me he decidido por instalarla en un equipo que uso de forma secundaria como herramienta de trabajo (Dell Mini 9 – Intel Atom N270), para valorar si convertir a esta distribución en el sistema operativo de mi equipo principal.

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Antes de continuar, cabe remarcar que muchos de los comentarios aquí vertidos son fruto precisamente de querer utilizar una distribución pensada para ser live como sistema instalado en el equipo y de uso diario. No son por tanto críticas a la distribución, sino advertencias a tener en cuenta.

– Instalación.

La información que se proporciona es muy detallada, pero el proceso queda lejos de ser amigable para el usuario.

– Configuración wifi.

Por defecto proporciona varias herramientas para conectarnos a internet. Por una parte puede considerarse positivo, al permitir elegir aquella que mejor responda a nuestras necesidades. Pero por otro lado, añade ruido y confusión a una distribución que se va a caracterizar por ello.

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Si bien la detección de drivers no ha dado problema alguno, no he conseguido conectar el wifi a la primera. De hecho, cada vez que se inicia el sistema es necesario volver a seleccionar la interface (wlan) para conectarse a internet: espero poder solucionar este problema.

– Repositorios y paquetes de idiomas.

El paquete de idioma en español no se puede añadir durante la instalación. Es necesario acudir al Puppy Package Manager (programa tipo Synaptic utilizado en Debian, Ubuntu…) para instalarlo manualmente. Y una vez allí, el paquete tiene un nombre no exactamente igual al que indica la ventana informativa.

Al aplicar el paquete de idiomas “español”, parece que se han instalado la diversidad de lenguas del Estado: el sistema se muestra en vasco, aunque ya permite seleccionar “español” sin necesidad de descargar otro paquete.

En lo que a repositorios se refiere, se combinan los de Ubuntu con propios de Puppy.

– Aspecto y personalización.

Destaca una personalización del gestor de ventanas JWM muy lograda. Es un gestor muy liviano y austero, al que resulta difícil de darle este aire fresco y actual, pero la combinación de color y temas ha sido muy cuidada.

Desgraciadamente, tanto el escritorio como el menú se ven saturados de programas hasta el punto que genera confusión y molestia para las tareas más básicas. Y esto nos recuerda que ha sido diseñada como distribución live y, por lo tanto, trae gran variedad de aplicaciones que podrían ser útiles en este escenario.

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Si instalamos Conky, se facilitan configuraciones pre-establecidas y muy atractivas, que pueden combinar con una colección de temas e iconos no excesivamente extensa pero suficiente. El aspecto final es muy agradable e incluso llevar a olvidarnos que estamos usando el gestor JWM. Esta sensación desaparece al abrir el menú de aplicaciones, pero si resulta un problema siempre lo podemos sustituir por otro no tan ligero.

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Intentando ordenar el menú de aplicaciones, podemos acceder a Menu Manager. Aunque es una aplicación poco intuitiva. Todos los programas se encuentran distribuidos en solo dos listas: “Enabled” o “Disabled”.

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No muestra en qué sub-menú están ubicados (Internet, Multimedia, Herramientas…), y aparecen con el nombre del archivo que tiene cada acceso directo el cual difiere del nombre del propio programa. Esto se vuelve más problemático si al instalar alguna aplicación, como LibreOffice, aparecen programas repetidos en varios sub-menús pero listados una sola vez en Menu Manager. La alternativa es modificar directamente los archivos de configuración de JWM.

Por último, algo que puede ser un inconveniente según el formato de pantalla: no permite poner la barra de sistema en vertical. En todo caso, habría que intentarlo modificando los archivos de configuración.

– Aplicaciones.

Como ya se ha comentado, un punto fuere como distribución live se vuelve en contra al ser instalada en un equipo: demasiados programas. Entre toda esta saturación, encontramos en el escritorio un acceso a Quickpet (en el menú aparece con el nombre Slickpet), que permite instalar las aplicaciones más populares: navegadores web (Firefox, Opera, Chrome, Tor…), Java, Google Earth, Gimp, Libreoffice, Steam, Wine e incluso otros gestores de ventana como Lxde o Xfce.

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El Puppy Package Manager muestra un botón de “Desinstalar”, que abre un diálogo pero solo permite desinstalar aquello que hayamos añadido: no los paquetes instalados por defecto. Para esto último, es necesario dirigirse al menú “Configuración” y elegir “Quitar paquetes preinstalados”. Saldrá un listado nada intuitivo; un combo-box en el que seleccionar el paquete. Aparecen listados los nombres de los paquetes, no de los programas, y tocar una letra del teclado no lleva a los paquetes que empiezan con esa letra. Se eliminan uno a uno.

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Al tener las entradas del menú traducidas al español, no siempre coincide el nombre que aparece con el del programa. Puede ser necesario abrir un programa para consultar la información en “Acerca de” y dar con su nombre en inglés. Es un ejemplo de una sensación común en los primeros momentos de personalizar y adecuar el sistema al uso que le daremos: sentir como si volviéramos a antes de 1995 para tardar varios minutos en hacer tareas que deberían ser simples.

La primera vez que he ejecutado LibreOffice ha tardado varios minutos en abrirse, pero eso no ha vuelto a ocurrir.

El explorador de archivos por defecto es Rox-Filer. Rápido, liviano… Pero para uso diario posiblemente sea necesaria otra alternativa. Y para navegar por internet se propone PaleMoon, que cumple correctamente su cometido y carga páginas como Youtube sin necesidad de instalar complementos.

Es interesante la aplicación Pup Advert Blocker que tiene el mismo cometido que el popular Adblock, pero que bloquea la publicidad en cualquier navegador que utilicemos. Lo que hace es añadir direcciones url al archivo /etc/hosts, que también podemos modificar manualmente.

Como gestor de correos trae Sylpheed, al que no le parecen faltar opciones. De cliente torrent cuenta con Transmission, y para reproducir mp3 y vídeo incluye Deadbeef y VLC.

– Limitaciones.

La limitación principal está en el campo de la seguridad, dependiendo del uso que hagamos del sistema. La sesión se inicia por defecto como root. Así lo explican: “Puppy está estructurado de forma tal que funcionar como administrador (también conocido como ‘root’) es seguro, y es la opción elegida por la mayoría de los usuarios”.

Los otros dos tipos de sesión se conocen como Spot y Fide. En Spot “es posible usar algunas aplicaciones de Internet” (navegadores…), y Fide es la opción que conocemos para “usuario”. De hecho no se facilita en ningún momento la creación de usuarios no “root”.

En el diálogo para salir o apagar, no permite la salida a pantalla de login. Si abandonamos el entorno gráfico y vamos a la línea de comando, startx inicia la sesión de root.

Conclusiones

Algunos aspectos positivos en una distribución live se vuelven en negativos al ser instalada; principalmente la sobrecarga de programas y opciones. Esto no quita que pudiera cuidarse un poco más el resultado final de una instalación en el sistema. Después de todo, cuenta con programas para uso diario, pero se pierde demasiado tiempo en conseguir que sea un entorno adaptado y productivo para dejar atrás esa sensación de caos en todos los rincones.

Aunque se da por sentado, remarcar la fluidez y enorme velocidad del sistema al ser instalado en una máquina con menos de diez años encima: todo el potencial del equipo para las tareas que le solicitemos. Y aún así, el escritorio de trabajo tiene un aspecto muy logrado.

El acceder directamente a una sesión root descarta utilizar la distribución en determinados escenarios, aunque para tareas básicas no debería ser un problema. Otra opción es configurar una cuenta de usuario, aunque el proceso no esté facilitado.

Tampoco olvidar que, a pesar de verter algunas críticas por utilizar la distribución para algo que no ha sido pensado, seguro es perfecta para contextos en los que no es posible acceder a equipos actuales.

¿Vale la pena utilizar Puppy Linux como distribución principal? Depende de cuanto se quiera priorizar el rendimiento sobre otras características y del uso que vayamos a dar a la máquina. Aunque no conseguiríamos los mismos resultados, cabe plantearse alternativas como instalar Debian y añadir JWM como gestor de ventanas, aunque igualmente tocará dedicar un buen tiempo a adaptar y personalizar el entorno.

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